Gelatinobromuro de plata sobre papel baritado y metacrilato,
Cuatríptico, 74 x 100 cms.
En el antiguo testamento un arbusto ardiente porta la voz de dios, divina revelación que ilumina a Moisés. También simboliza el conocimiento, que a su vez originará el florecimiento de las polis, en la mitología griega. Y en estas polis modernas el hombre guarnecido en su ciencia se apresura irresistiblemente hacia sus límites. Se cree dios todopoderoso, capaz de todo.
Pero ese fuego que en ocasiones otorga riqueza, en otras tantas muerde implacablemente la mano que le alimenta; se torna arma aniquiladora[1] sumiendo al hombre en la confusión y la ignorancia. El hombre incapaz de dominar el caótico devenir en el que se ve inmerso presencia sereno el violento crepitar de la naturaleza. Su imagen tintinea frente a torres de cristal que se elevan, cuales escaleras al cielo, reflejando humo de rezos en sus ventanas.
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